No es de extrañar que el ruc català sea el animal totémico de Cataluña, visto el grado de empecinamiento que este pueblo, que a noble y a tenaz lo que le pidas, pone en sostenella y no enmendalla. Después de tanta performance como llevamos desde el 1-o y su referéndum, la huelga del día 3, los 900 heridos del chico que le quedó algo insuficiente a Alfonso Carlos Comín, los abusos sexuales de Ada Colau, la indefinición Puigdi entre sus dos posibilidades: la de disolver el Parlamento y adelantar las elecciones autonómicas, opción para la que sí estaba capacitado legalmente, y declarar unilateralmente la independencia, cuestión para la que no tenía competencias.

En realidad, las competencias de Puigdemont para casi todo eran muy tasadas y vacilantes; de ahí que nos tuviera en un sin vivir, con la tentación de las elecciones hasta que la CUP empezó a llamarle botifler y entonces se tiró a la declaración unilateral como un solo hombre. Esto es un decir, porque la declaró y la suspendió de la misma, la puntita nada más. Luego vino lo que vino: las empresas catalanas empezaron a buscar aires más saludables, el presidente Rajoy destituyó a la Generalidad, pidió al Senado  la aplicación del artículo 155, disolvió el Parlament y el  ex presidente y cuatro de sus ex, se fugaron para demostrar a los belgas que en lo que toca a ridiculez no tenían nada que enseñar a los políticos catalanes.

Bueno, pues después de todo y con las elecciones a seis días, no parece que hayamos tenido tanto meneo para nada. La encuesta de Sigma Dos que hoy publica El Mundo viene a aventurar unos resultados muy parecidos a los que ya teníamos. El bloque independentista que forman ERC, Juntos por Cataluña y la CUP, que en la legislatura anterior sumaban 72 escaños pueden perder entre 3 y 8 diputados, aunque en la parte alta de la horquilla se quedarían con 69, uno más de los que necesitaban para la mayoría absoluta. Se ha producido un reajuste entre ERC y el PdeCat, que ha comido a Esquerra parte sustancial de su ventaja y eso es todo, poco más o menos.

Las desgracias del llamado bloque constitucionalista empiezan por su propia inexistencia. Todos los sondeos predicen la victoria de Ciudadanos con 31-33 escaños. El PSC alcanzaría 19 o 20 frente a los 16 de la legislatura anterior y el PP perdería 3 o 4 para quedarse entre 7 y 8. O sea, que frente a los 64 escaños que sacarían los golpistas en sus expectativas más bajas, los llamados constitucionalistas se quedarían en 61 en las mejores de las suyas. Hay otros dos problemas añadidos: el primero es que los comunes jamás pertenecerían a un club que se considerase constitucionalista. El segundo es que el PSC también tendría problemas para encajar en ese bloque. Iceta no votará nunca a Inés Arrimadas. Se propone como candidato, pero no hay manera de que pueda sumar 68 escaños para armar un tripartito como el de Maragall en 2003. Y mucho menos de que Junqueras le vaya a investir a él teniendo 14 o 15 escaños más. Cataluña será ingobernable y los golpistas seguirán en lo suyo. El 155 aún tiene futuro.

Comentarios
Cargar Más Artículos Relacionados
Cargar Más En Opinión
Los comentarios están cerrados.

Revise También

El Rugido del León Franco: la única ‘urgencia’ de Sánchez

Finalmente -y tras muchos vaivenes-, la exhumación de los restos de Franco se llevará a ca…