Su concepto de Nación, de tipo cerrado, que ve al vecino como enemigo, es justo lo contrario de lo que busca Bruselas

¿De qué le sirve a Inés Arrimadas haber ganado las elecciones catalanas, si no puede gobernar? ¿De qué le sirve a Puigdemont poder volver a ser presidente de Cataluña, si en el momento que ponga pie en España tiene que rendir cuentas a la Justicia? ¿De qué le sirve a Junqueras habérselo jugado todo para defender el proceso soberanista, si está en la cárcel? ¿De qué le sirve a Iceta presentarse como el único político capaz de unir las dos mitades de Cataluña, si nadie quiere saber nada de él? ¿De qué les sirve a los «pequeños» ser bisagra, si los grandes quieren gobernar sin bisagras? ¿De qué le sirve a Albiol representar al partido que gobierna España, si casi ha sido barrido de Cataluña? Esa es la resaca que dejan las elecciones catalanas, las más disputadas y confusas de cuantas se hayan celebrado allí. Casi, casi, podría decirse que todos han sido derrotados, aunque, eso sí, unos más que otros.

Los potenciales ganadores tendrán que echar cuentas para hacer efectiva su victoria y pronto caerán en que, por una causa u otra, no es fácil. En cuanto a los vencidos, que son los más, lo tienen peor, pues su tarea más urgente es que la derrota no se trasmita al resto de España, para no desaparecer del todo. Y eso afecta, nada más y nada menos, que a los dos grandes, PP y PSOE.

Rajoy ha hecho a Ciudadanos un partido nacional, al convertirlo en el único que ha sido capaz de batir a los independentistas. Sánchez tendrá que tener mucho cuidado con no acercarse a estos, porque no se lo perdonaría ni siquiera buena parte de su propio partido. Tan enredadas han quedado las cosas que incluso los nacionalistas lo tienen difícil.

¿Se creen que van a volver las empresas que se han ido? Lo más probable es que se marchen más, de insistir en la independencia unilateral. Otro tanto va a ocurrirles con el reconocimiento internacional e ingreso en la Unión Europea. Se han convertido en un peligro para ella, ya que su concepto de nación, de tipo cerrado, egoísta, que ve al vecino como enemigo, es justo lo contrario de lo que busca Bruselas. Y espero que su melopea nacionalista no les lleve a creer que el resto de los españoles vamos a ser tan ingenuos como para facilitares el descuartizamiento del Estado-nación que hemos creado durante cinco siglos.

Claro que alguno de nosotros, por puro cainismo, pudo hacérselo creer, pero la inmensa mayoría, ante el abierto desafío y el odio manifiesto que nos muestran los nacionalistas catalanes, no tendremos otro remedio que defendernos. Ignacio Camacho citaba hace poco una de esas frases marmóreas de Ortega: «Cataluña quiere ser lo que no puede ser». Por una vez, no estoy de acuerdo con el maestro. Justo al revés:Cataluña no puede ser lo que quiere ser, un Estado-nación, por no haberlo sido nunca. Hoy, más que nunca, al prevalecer los grandes bloques. Ni pueden ni saben. Saben sólo destruirlas, como han demostrado.

Publicado originalmente en: ABC.es
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  • Donde dije digo…; por José María Carrascal

    Sánchez ha engañado a todos. A los adversarios, es normal. A los que le hicieron president…
  • Hartos; por José María Carrascal

    La vida es injusta, y la política no es otra cosa que una de las modalidades de la vida El…
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