En su despacho de Antonio Maura, me dijo Adolfo Suárez: “Pasaré de los 70 diputados y no se podrá gobernar sin mí. Créeme que el CDS es la clave del futuro”. Calvo-Sotelo había adelantado las elecciones generales para erosionar a su antiguo presidente. Le dejó en dos diputados, pero UCD retrocedió de 165 escaños a 12, hecho sin precedentes en las democracias europeas. Suárez siguió creyendo en la bisagra, es decir, en un partido con posibilidad de gobernar con el centro derecha y también con el centro izquierda. Tras una entrevista en televisión inteligentemente realizada por Mercedes Milá, el expresidente creyó que se instalaría en 70 diputados y de ahí hacia arriba. Se quedó en la veintena y no pudo seguir peleando porque cayó sobre él el tormento de la enfermedad.

Rivera quiere ser el heredero político de Suárez. Ha ejercido ya de bisagra con Sánchez y también con Rajoy. Los fracasos centristas de Suárez, GarriguesRoca Rosa Díez no le arredran. Sabe que Casado le puede morder muchos votos pero está dispuesto a luchar por su espacio.

En el entorno de Sánchez no son pocos los que creen que la actual alianza con los secesionistas y con Podemos -el abrazo del oso- mantendría al PSOE en el poder. Los más, sin embargo, piensan que sería más confortable el Gobierno con el apoyo de Albert Rivera, si los números lo permiten. Sánchez y Borrell tienen un plan sobre Cataluña que, de salirles, podría instalar al PSOE en la mayoría absoluta. Si finalmente la pirueta no se produce, el socio natural de los socialistas demócratas sería Rivera, como lo fue en la investidura presentada en marzo de 2016. Conforme a algunas encuestas solventes, Rivera podría gobernar con Sánchez o con Casado. Menudo dilema. El Suárez del CDS se entendió con la izquierda en Madrid. Luego, maniobró para situar a Rodríguez Sahagún en la alcaldía, a cambio de imponer a Gallardón en la Comunidad. Lo de la alcaldía salió como estaba previsto pero, según algunos, la mano enmascarada de Suárez maniobró para que no se consumara lo acordado en la Comunidad.

Rivera, en fin, podría convertirse en el árbitro de la política española. Iglesias está escorado y no cabe su entendimiento con el PP, aunque sí con todos los demás. Y maniobra para fragilizar a Rivera, en el futuro el socio más probable de Sánchez en Moncloa.

Luis María Anson, de la Real Academia Española.

Publicado originalmente en: ElMundo.es
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