Requiem por la socialdemocracia transversal

Foto: Archivo

Pedro Sánchez le gusta hablar del retorno triunfal de la socialdemocracia tanto como a Martin Schulz. Ambos son involuntariamente graciosos. Pero tienen los líderes del PSOE y el SPD más cosas en común. Schulz vino a España a ayudar a Sánchez a darse el peor revolcón electoral de la historia de su partido, Sánchez saludó a Schulz como «nuevo canciller alemán» días antes de que este le imitara en su naufragio total. Ambos batieron los peores resultados de sus respectivos partidos.

La prueba de que Alemania ya no es lo que era cuando los trenes eran puntuales, no había mendigos y se dejaban las puertas abiertas en el campo y en la ciudad, es que Schulz no ha desaparecido del mapa tras su devastador fracaso. Alemania se ha europeizado tanto que aquello ya parece España. Y Schulz, que ha sufrido una derrota humillante, ya actúa otra vez como una joven promesa imbatida e imbatible. Con genio y figura y repartiendo el daño y la culpa entre todos los demás. Como un editor que arruina por sistema a todos pero se proclama insustituible.

Lo cierto es que el negocio de Schulz y de Sánchez está quebrado. Y lo único que pueden conseguir ambos es un salvavidas para mantenerse. Su negocio está quebrado y no solo porque lo que ofrecen ellos lo venden otros más barato. También porque lo que venden ellos peor que sus competidores es ya mercancía averiada. Schulz no tiene absolutamente nada que ofrecer que la socialdemócrata Angela Merkel no tenga en su catálogo en permanente expansión. Pero Merkel está como está, en el triste final de una memorable trayectoria política, sea ahora, en dos años o al final de una agónica legislatura. Capaz de aceptar cualquier apaño para prolongar su presencia aun a costa de regalar valioso espacio y electorado a su enemigo mortal, el partido AfD. Al que ella tacha de nazi, pero que es en realidad fantasma o reencarnación de la derecha política que ella ha vaciado y destruido.

Sánchez por su parte tiene que anunciar que reanuda la Batalla del Ebro, humilla al generalato nacional y saca a Franco del Valle de los Caídos para tener algunas ofertas que crea a salvo de la rapacidad emuladora de la socialdemocracia de Mariano Rajoy. Y yo que él no me fiaría mucho. El PP de Rajoy es capaz de hacerle un homenaje a la checa de Fomento por no verse lejos del pastel.

El problema que tienen los quebrados es que no queda nadie solvente en su entorno. Fueron todos tan diligentes en su socialdemocratización que ahora que la socialdemocracia muere, asfixiada en el lodo de sus sofismas e hipocresías, todo lo que ven queda fuera de su sistema. Por un lado tienen la vía totalitaria de los comunistas. A la que muchos no hicieron ascos. Y por el otro -¡horror y pavor!- una derecha real. ¡Qué espanto! ¡Eso sería como Trump!

Publicado originalmente en: ABC.es

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