A alguien acusado de delitos tan graves como la sedición hay que someterlo al Imperio de la Ley

La campaña de Iceta arrancó inteligentemente, o al menos eso le parece a este articulista. Su desmarque estratégico del bloque constitucionalista fue necesario y posiblemente oportuno para sus intereses: tenía que pescar en otros caladeros y ese en el que cohabitan PP y Ciudadanos es terreno de Arrimadas, que se lo va a llevar todo y se les debe aparecer en sueños a más de uno. La alianza con los restos de Unió también fue provechosa, a mi modo de ver: hay una bancada de votantes del nacionalismo dando vueltas por ahí y añorando aquellos años en los que Convergencia apañaba aquí y allá y, aunque trincara, hacia la vida pasajera. Esa especie de Sociovergencia provoca cierta nostalgia en algunos.

Por demás, dar a entender que está completamente en desacuerdo con Comunes y demás familias polarizaría demasiado su posición: a una parte de su electorado podría no gustarle. Claro que este tipo de posiciones, este caminar de puntillas sobre el filo de las navajas, tiene su riesgo, como ya es sabido: de repente se te va la boca, entre baile y baile, y dejas perplejo a tu votante de barrio, a tu filón antiguo, al que te da soporte cuando te quedas solo. Anteayer dijo este buen hombre que, si se diera el caso, él indultaría a los detenidos por la organización del referéndum y el prusés completo, con tal de «restañar heridas». Bomba calculada. Guiño realizado. Impostura precisa. Resbalón.

Independientemente de que para indultar a alguien primero hay que condenarlo, la idea de Iceta es más propia de otros candidatosy resulta fácilmente contestable. Tamaña búsqueda de la originalidad, permanente y machacona, hace que se afirmen cosas que embarran demasiado el cuadrilátero: a alguien acusado de delitos tan graves como la rebelión y la sedición hay que someterlo al Imperio de la Ley y no hurtar su enfrentamiento a la realidad por el hecho de ser un político catalán. Daría la impresión de ser cierta la existencia de delincuentes políticos, lo que llevaría a demás presos a preguntarse si no merecen un indulto por el hecho de ser catalanes, aunque estén entre rejas por haber robado un coche. Incluso otros socialistas sometidos a largos procedimientos podrían reclamarle a Iceta algo de su magnanimidad: ¿o no son políticos procesados Chaves y Griñán?

Tengo por cierto que esta propuesta en la que sigue insistiendo el candidato no le va a hacer suficientemente atractivo para los votantes de independentismo dubitativo y, sin embargo, puede confundir a los que estaban dispuestos a salir de su ostracismo electoral. Arrimadas, que se pasa el día esquivando esputos, puede estar frotándose las manos. Iceta, como saben, confía en la poco probable -aunque no imposible- solución Borgen, esa que nace de una serie danesa en la cual los candidatos electos se bloquean entre sí mediante una serie de vetos cruzados y, como consecuencia, es la cuarta candidata la que recibe los votos y es proclamada.

El panorama apunta a un empate difícil de desbloquear e Iceta sueña con montar un gobierno con la izquierda suelta de comunes y esquerras y el apoyo inevitable de la derecha. Es decir, él como única solución, como único comodín posible. Y por eso suelta estas ocurrencias que, una vez mas, meten al PSOE en problemas. Como es tradición, por culpa del PSC. Las preguntas deberían dirigirse ahora con insistencia a Pedro Sánchez: ¿qué opinión le merece al secretario general la ocurrencia de su candidato en las muy delicadas elecciones catalanas? ¿con quién está el PSOE de Sánchez en este asunto, con el líder del PSC o con aquellos que han mantenido que el Estado de Derecho debe de ser defendido con todas las consecuencias cuando es atacado de manera tan directa y peligrosa? A la espera de las respuestas quedamos.

Publicado originalmente en: ABC.es

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