Los antisistemas vuelven a quedar retratados, esta vez en Cataluña. Ellos odian el sistema, o eso dicen, pero solo la parte relacionada con cumplir las leyes y vivir del modo civilizado propio de un país del primer mundo.

Odian usar desodorante, ducharse, pagar alquileres, pagar por usar los transportes públicos y un largo etc más. Sin embargo saber que pueden perder una subvención de, ese sistema contra el que luchan y al que odian, y hacen el pino puente o caminan de manos hasta la frontera francesa.

No reconocen los de las CUP las leyes españolas ni, según ellos, son legítimas las elecciones en Cataluña del 21-D pero van a participar porque de no hacerlo perderían las subvenciones con las que la ley electoral les “premia”.

A mi, cuando no me gusta algo, simplemente procuro estar lo más lejos posible de ello. No voy diciendo a voz populi que lo odio para a continuación acercarme a ello por conveniencia, ya que denotaría dos cosas; hipocresía e incoherencia. Que no pasaría nada de no ser porque los antisistemas españolas se declaran de extrema izquierda y esta se ha apropiado de la moralidad en este país.

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