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“Se supone -dijo André Malraux unos meses después de hacerse cargo en Francia del ministerio de Cultura- que la política es la segunda profesión más antigua del mundo. He llegado a la conclusión de que guarda un estrecho parecido con la primera”. Tal vez no le falte razón al gran intelectual, autor de La condición humana, libro de cabecera para toda una generación.

Las primarias del Partido Popular han florecido en el juego sucio de las navajas cachicuernas y algunos floretes florentinos. ¡Qué espectáculo! Las bases de 800.000 afiliados se han derrumbado espectacularmente. El censo de votantes se ha transformado en especulación. El PP vivía en una realidad virtual sedimentada sobre la cachaza y el voluntarismo político de Mariano Rajoy y sobre la política arriólica de no hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico.

Nadie sabe si Pablo Casado ganará el órdago electoral. Son muchos los militantes que consideran al joven político como la esperanza cierta de la regeneración del partido, como el puente capaz de enlazar las orillas del expresidente Aznar y el expresidente Rajoy. A su entorno le preocupa el juego sucio. Se sabe ya de dónde procede el fuego con el que se trata de abrasar las posibilidades de Casado. Es fuego amigo. Se dispara contra él enmascaradamente y no se descartan enmerdadas jugarretas de última hora.

Todo esto no es la política pero sí una vertiente de la política y es necesario aprender a circular por ella sin ahogarse en el albañal. Los ataques que se sufren no debilitan sino que robustecen si se sabe reaccionar con serenidad y distancia. Atribuyen a Manuel Azaña la frase certera: “Ladran, buena señal de que cabalgamos”. José María Gil Robles sufrió la mayor campaña hostil cuando ganó las elecciones al Frente Popular en 1936. Las perdió oficialmente. Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García han demostrado en un libro de imprescindible lectura –1936: Fraude y violencia– las trampas y la manipulación de los frentepopulistas, que, sobre una colosal mentira, consiguieron alterar la Historia de España.

A la estabilidad nacional le conviene que el PP no dé continuidad a los errores de los últimos años sino a los aciertos. Se necesita un cambio en el partido y jóvenes manos tendidas para restablecer la autoridad perdida y la unidad de acción.

Luis María Anson, de la Real Academia Española.

Publicado originalmente en: ElMundo.es
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