Han pasado los meses, la semanas, los días, las horas y en medio de ellas los golpistas han ido consumando sus ideas sin que el Estado central haya hecho mucho por colocarlos donde se merecen.

Se les han ido perdonando uno a uno sus delitos, con esa parsimonia propia de Rajoy, y ellos sin dudarlo han continuado su hoja de ruta golpista.

Su plan de huir hacia adelante sigue viento en popa, haciendo caso omiso de todos los dictámenes de la justicia y ahora del ejecutivo español.  Se aplicó el artículo 155 de la Constitución para desalojarlos legalmente del poder y convocar unas elecciones democráticas y legales, pero ellos han respondido altivos y desafiantes diciendo que desconocen tales decisiones.

¿Cuánto tardaría el Estado en echarle el guante a cualquier infeliz que osara desafiarlo?  Lo digo por el hecho cierto de que con todo lo que viene sucediendo no veo a Rajoy y mucho menos a los socialistas de aplicar todo el peso de la ley y detener a los golpistas como en su día se hizo con el coronel Tejero.  ¿O es que Tejero es más golpistas que la camarilla catalana? ¿O es que la ley no es igual para todos?

No le voy a quitar méritos a Rajoy en que es un tipo taimado que saber medir los tiempos y las reacciones pero parece que en esta ocasión se le está yendo de las manos.  Es un clamor en las calles, en cualquier corrillo de ciudadanos el tema catalán y al hablar del mismo -casi unánimemente- todos los ciudadanos estamos de acuerdo en enviarlos a la cárcel.

No por ser más benevolentes ellos van a cambiar su actitud.  Una actitud que han demostrado es contraria al diálogo y a todo lo que se oponga a su absurda idea de la independencia.

Del mismo modo debe ser este el momento para pensar en cambiar la ley electoral e ilegalizar a todos aquellos partidos que quieren romper España.  No puede ser posible que partidos que nacen con el fin de acabar con nuestro país se valgan de los distintos medios que les pone a su alcance nuestra democracia y nuestro sistema para torpedear el progreso en unidad de esta nación.

Sabemos que es difícil porque en el camino nos encontraremos con la negativa de un PSOE lanzado por la senda de la izquierda retrograda y anacrónica que representa Podemos.  Seguramente otros partidos se negarán a colocarse del lado de la razón, pero no por ello se debe dejar de lado una reforma que es necesaria para afrontar el futuro sin la desazón de saber que hay grupúsculos intrigando y socavando la unidad.

 

 

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