El día 8 de octubre ante aquella inmensa cantidad de personas que se manifestaron a favor de la unidad de España en Barcelona y comprendí algunas cosas.

Definitivamente la mayoría en Cataluña está a favor de la unidad con España, más allá incluso de los adoctrinamientos en colegios, institutos y universidades.  Más allá de las presiones para que se hable en catalán o mandarín con tal de no hacerlo en español.  Más allá de las absurdas embajadas en otros países.

Siempre supuse que eran una mayoría silenciosa, estaba en un error.  Apenas ese domingo caí en la cuenta de que son una mayoría silenciada por el grosero acoso que desde las instituciones públicas y muchas veces privadas se ejerce en contra de todo lo que huela o suene a español.  España, espléndido país que le ha dado todo tipo de facilidades a Cataluña para que progrese y sea uno de sus motores.  España, ese país que tanto odian y que los colocó, injustamente quizás, por encima de otras comunidades autónomas que tenían y tienen el mismo derecho a crear un tejido industrial y que sin embargo prefirió llevarlo a Cataluña o el País Vasco.

Espero y deseo que esa mayoría silenciada salga a votar en las próximas elecciones en masa.  Que no dejen lugar al abstencionismo que solo ayuda a los independentistas-oportunistas.  A pesar de una ley electoral que prima a la provincia por encima de las ciudades, a pesar de todos los pesares, deben salir a votar y elegir a un candidato no solo que no sea independentista, sino que además no tenga ninguna intención de seguir estirando la goma con Madrid.  Que no olvide nadie que antes de Puigdemont y Màs estuvo un tal José Montilla, oriundo de Córdoba y que patrocinado por el PSC y presionado o no por ERC continuó con esa política de arrinconar a lo español.  De multar a los pequeños comercios que rotulaban en castellano o que permitió una inmersión lingüística para invisibilizar el idioma oficial de todos los españoles.

No voy a dar nombres, yo tengo mis preferencias y cada quien debe valorar quien es el mejor candidato para defender a sus intereses, pero en estos convulsos días se ha visto muy bien quien sabe sacar las garras para defenderlos y quien temoroso balbucea para no herir susceptibilidades.

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