Cuando os pase el shock, vosotros, el Gobierno, os daréis cuenta de que ganasteis las elecciones del jueves en Cataluña. Y con holgura

Tras las más duras medidas que jamás un presidente haya tomado desde la recuperación de la democracia, no sólo no ha habido ninguna revuelta en Cataluña, sino que los catalanes han avalado la aplicación del artículo 155 y todas sus consecuencias, convirtiendo a Ciudadanos en la fuerza más votada, dejando al independentismo con dos diputados menos, con menos porcentaje de voto y 150.000 votos por debajo de los obtenidos por los partidos constitucionalistas.

El Partido Popular tiene un problema. Es cierto. De regeneración democrática, de renovación generacional y de todas esas cosas que preocupan más a las peluqueras de esas que se llaman estilistas que a los gobernantes medianamente serios. Pero es cierto que el PP tiene este problema y que no capitaliza su buena labor al frente del Gobierno, a medias porque tiene el partido dejado y también por la facilidad con que a veces los conservadores nos dejamos acomplejar por esa modernidad de traje ajustado que cuando la rascas un poco ya ves que no va a ninguna parte, como las cenas de Navidad de las secretarias y sus regalos del amigo invisible al precio máximo -¡sobre todo!- de 10 euros.

Pero en cualquier caso no es un problema del Gobierno ni de su presidente quién capitaliza sus esfuerzos, y se puede ser a un tiempo el magnífico presidente de un Gobierno y el descuidado presidente de su partido, al que de todos modos tendrá que poner remedio.

Por lo demás, el presidente Rajoy ha propiciado la más difícil victoria de España en Cataluña: y aunque los partidos independentistas podrían sumar la mayoría absoluta, falta ver si lograrán articularla, y si la articulan, tendrá que ser alrededor de una idea que quepa en la Ley, porque gracias a la aplicación del artículo 155, en Cataluña ha quedado muy claro qué le pasa a quien tiene la funesta idea de saltarse la legalidad vigente. Una mayoría independentista escasa, dudosa y sin independencia; y por mucho que Puigdemont haya ganado a Junqueras no podrá ser presidente, porque si regresa a España como prometió, irá a la cárcel, y si permanece en Bruselas acabará siendo no más que la parodia de un viejo chiflado.

No hay duda de que la derechita cool, con Aznar en la sombra, tratará de desestabilizar al presidente. Le dirá que dimita. Le dirá que anticipe las elecciones generales. Ya se lo ha dicho. De hecho, se lo dijo antes de conocer los resultados. Hace diez años que esta derechita vive en su empeño de matar a Rajoy, y hay que constatar, de tan insistentes enterradores, no sólo su fracaso, que ya es casi una nostalgia, sino que hacen peor cara que él. Derechita de saldo y esquina intelectual que le dice a Rajoy lo mismo que los independentistas. Verse así, con lo que era. Es lo que decía Felipe, en tiempos de la pinza: «Aznar y Anguita son la misma mierda».

Cuando os recuperéis del estado de shock, que aunque no lo comparto, lo comprendo, entenderéis la importancia de la victoria del jueves, os pondréis de nuevo a trabajar, y dejaréis el Apocalipsis para el Nuevo Testamento, que es donde está y donde debe estar.

Publicado originalmente en: ABC.es
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