Cerró ayer su gira en Madrid dando uno de los mejores conciertos que se le recuerdan

Foto: Cortesía

Cuando anoche José María Sanz subió a las tablas del viejo Palacio de los Deportes seguro que tuvo un momento de recuerdo para Johnny Halliday, a quien hace unos días despedían en Francia con honores de jefe de Estado. Con él comparte, salvando las incomprensibles distancias (el galo no era para tanto Loco, y lo sabes…), el rol de rey del rock transversal, que no será el mejor pero es el que llega a todos, cosa que hace mucha falta en la era de la extinción de la guitarra. También comparte eso con Springsteen, igual que la facilidad para el relevo generacional en su hinchada, o la debilidad por los himnos de melodía tontorrona, como de DVD de autoayuda. Pero anoche sonaron pocos de esos, y si lo hicieron, la voz pétrea del Loco aplastó cualquier sensación endeble.

El hombre de negro salió ante sus 15.000 fieles escoltado por su pájaro loco en la pantalla gigante, y por su banda, pedazo de banda, arrollando como un tanque y a lo blitzkrieg con «Salud y rock’n’roll». Viendo sus gestos en la pantalla gigante, daba la sensación de que la persona bajo el personaje es ahora más fuerte si cabe, se siente más reconocida y mejor ubicada, y eso lo hace aún más magnético. «Brillar y brillar» llenó el pabellón de dulce americana, «El rompeolas» desató el coro mejor aprendido del rock nacional («Planes de futuro, es una ilusión…»), y «La Mataré» se erigió como el alegato antimachista que siempre fue. «Tengo una banda de rock and roll» y «Voy a ser una rock and roll star», coreadas a grito pelado por los fans con la banda haciendo una pausa para escucharles mejor, sentó como un ritual de sanación para todos esos viejos rockeros que se reunieron ayer para recordar tiempos mejores. «Qué hace una chica como tú en un sitio como este», «Cadillac solitario», «El ritmo del garage» y «En las calles de Madrid» pusieron a todos en vereda para llegar a un final sin la menor queja de repertorio, y con consenso: fue uno de los mejores conciertos que se le recuerdan en la capital.

Publicado originalmente en ABC.es

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