Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) en su despacho. Alberto Gamazo / El Español

Hablando sobre España con Leopoldo Abadía: “En una superficie más pequeña que Texas tenemos 17 nacioncitas y dos ciudades autónomas” / “España sí tiene un proyecto de país. Ese proyecto se llama Europa” / “No me interesa tanto qué mundo dejo a mis nietos como qué nietos dejo a este mundo”.

Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933), ingeniero industrial de formación, publicó hace nueve años uno de esos libros (La crisis ninja y otros misterios de la economía actual) que revientan las listas de ventas al explicar un tema abstruso, en este caso las hipotecas subprime, con un lenguaje accesible a cualquiera. Desde entonces, y varios libros después, sus cientos de miles de seguidores lo consideran uno de esos sabios con respuesta para todas las preguntas posibles sobre la vida y sus misterios políticos, económicos y sociales.

Lo interesante es que puede que tengan razón. Cuando en 2014 Abadía respondió durante una entrevista aquello de “la crisis acabará cuando Dios quiera”, hasta el más escéptico de los economistas ateos tuvo que reconocer que esa era la respuesta más precisa, sincera y, sobre todo, honrada que ningún miembro de su gremio había dado jamás al respecto.

Este profesor de economía del IESE de Navarra (y de la Harvard Business School) durante más de treinta años, con una familia de 75 miembros -entre los que destacan doce hijos y 48 nietos de entre 27 años y apenas unos pocos meses de vida- encuentra tiempo para contestar a mis preguntas de forma telegráfica y con ese estilo claro, recto y directo, pero sobre todo carente de pretensiones, que le ha hecho famoso.

Don Leopoldo, ¿tiene remedio el problema catalán?

Me gustaría que lo tuviera. O sea, que se realizaran de manera normal la constitución del Parlament, la elección del president y su investidura.

¿A qué se refiere con ‘normal’?

Cuando digo “de manera normal” quiero decir que esos acontecimientos se desarrollen con pleno acatamiento de la Constitución y que no se aprovechen para, haciendo cosas extrañas (investidura por vía telemática, por ejemplo), intentar dar otro golpe de Estado.

¿A quién le va a costar más esta crisis? ¿A los catalanes o al resto de los españoles?

Indiscutiblemente, a los catalanes.

Dice el nacionalismo catalán que el hecho de que más de 3.000 empresas hayan mudado su sede social no tiene en realidad ninguna importancia porque lo relevante son los centros productivos. ¿Tienen razón?

No, en absoluto. Entre otras cosas, el hecho de que se vayan tantas empresas desmoraliza al posible inversor por la inseguridad jurídica que representa.

¿Cree que una reforma de la Constitución podría ser una solución al problema?

Si yo me incorporo a una empresa que fundó mi abuelo y encuentro un documento que él escribió hace equis años, lo leo, lo estudio y veo las cosas que creo que hay que modificar. Y las modifico poco a poco, sin dejarme llevar por urgencias.

Entiendo que no le gusta la idea de reformar la Constitución.

No, no me gusta que se reforme ahora la Constitución para resolver el problema catalán. Una reforma importante se ha de hacer con mucha serenidad y no empujados por un problema concreto o por las apetencias electorales de partidos políticos.

¿Esa reforma, debería ser recentralizadora o centrifugadora?

A mí me gustaría más una reforma recentralizadora. He dicho muchas veces que España tiene una superficie de 500.000 kilómetros cuadrados, o sea 200.000 menos que Texas, y que en esa pequeña superficie hay diecisiete nacioncitas y dos ciudades autónomas. Me sobran las nacioncitas.

Usted vive en Barcelona. ¿Cree que existe riesgo de confrontación civil en Cataluña?

Sí. Ya sé está produciendo a nivel de amigos y, mucho peor, a nivel de familias. Se está sembrando odio. Eso es lo peor.

¿Qué cree que ocurrirá a partir de ahora?

Dado mi talante recentralizador, no me importaría nada que siguiese vigente el artículo 155. Creo que a estos señores independentistas no se les debe dejar solos porque ya hemos visto lo que son capaces de hacer. Me gustaría la coexistencia del 155 con la vuelta a la normalidad de que he hablado antes. Estoy hablando de una libertad vigilada hasta que los políticos de ideas independentistas demuestren con sus hechos que quieren jugar limpio y no volver al ya citado golpe de Estado.

Más allá de la cuestión catalana, ¿cuál cree que es el principal problema español?

La corrupción es algo muy serio. Está relacionada con la catadura moral de algunos políticos y con la financiación de los partidos. Otro problema muy serio es el de las pensiones. Problema basado en ese método de reparto por el que los jóvenes pagan la pensión de los mayores. Como hay pocos jóvenes y bastantes de ellos tienen sueldos bajos, y como los mayores se mueren más tarde, el sistema falla. Seguramente habría que ir hacia un sistema de capitalización por el que las personas fueran acumulando su capital para el día de la jubilación. La abundancia de contratos no fijos y las remuneraciones bajas constituyen otro problema serio.

¿Le parece interesante el debate monarquía-república? ¿Cuál es su posición en este debate?

Dada mi ingenuidad, pensé que ese tema ya se había resuelto en 1975. Me parece que, dados los temas que tenemos que sacar adelante, introducir este no sería nada oportuno. Más elecciones, más problemas entre partidos (la posible cohabitación, por ejemplo), etcétera. Creo, además, que la monarquía nos ha ido muy bien en este período. Centrándome en Felipe VI, sus últimas intervenciones me han parecido muy buenas.

Dice Alejo Vidal-Quadras que España, al contrario que el nacionalismo, no tiene un plan ni un proyecto de país. ¿Coincide con él?

No conozco personalmente a Alejo, pero parece que es un político de gran nivel. Por eso respeto sus opiniones. Porque, indudablemente, sabe mucho más que yo y tiene un olfato político que yo no tengo. Teniendo en cuenta lo anterior, creo que España sí tiene un proyecto de país. Ese proyecto se llama Europa. Llevamos más de cincuenta años construyendo Europa. Hemos avanzado mucho. Falta mucho todavía, pero seguimos dando pasos adelante. Creo que vamos hacia la unión política.

Yo no veré la firma de la Constitución de los Estados Unidos de Europa, pero considero que ese es nuestro proyecto y que ya faltan cincuenta años menos de los que faltaban cuando el ministro Castiella solicitó “la adhesión al Mercado Común”. La elección de Trump como presidente de Estados Unidos y el brexitson dos oportunidades para “más Europa”.

Pero centrándonos en España y mientras los Estados Unidos de Europa no sean todavía una realidad, ¿cree que debería España centrarse en la industria? ¿En el turismo? ¿En la modernización de la España agrícola?

En este punto no tengo las ideas demasiado claras. Pero pienso que el turismo es una fuente de riqueza ya conseguida. Por eso, todo lo que se haga para fortalecerla me parece muy importante. En cuanto a la industria, no me gusta la basada en sueldos bajos. Creo que debemos ir hacia una mayor sofisticación de los productos, lo que exige una mayor sofisticación de la mano de obra.

En España padecemos ahora dos populismos políticos de distinto signo: uno nacionalista y otro de extrema izquierda. ¿Qué puede hacerse contra aquellos que se aprovechan del sistema para atacar al sistema?

Por supuesto, hay que luchar contra ellos dentro del sistema. Hay que demostrar que esos populismos no aportan nada. Alguno está basado en la lucha de clases. Otros, en la xenofobia. No les he visto nunca intentar construir.

Nos decía hace unas semanas Gaspar Llamazares que uno de los problemas políticos españoles son los hiperliderazgos. Es decir, una concepción demasiado personalista de la política. 

Puede ser, pero no me parece relevante. Además, es fundamental la aportación personal del político a la estrategia de su partido o de su nación. Alemania sin Merkel sería distinta. Estados Unidos con Trump es distinta de lo que era con Obama. Si Rajoy en vez de ser gallego fuese de Bujaraloz (Zaragoza), su manera de actuar sería diferente.

¿Se abusa del ‘marketing’ en la política española?

Yo creo que sí. En España y en el mundo entero. Los políticos son vendedores a los que tenemos que comprar su producto. Para eso utilizan, con mayor o menor acierto o torpeza, técnicas de marketing a las que se han incorporado las mentiras, bajo el nombre de posverdades.

Ahora se habla mucho de una hipotética decadencia del PP y su futura sustitución por Ciudadanos. ¿Usted lo ve posible o cree que eso cae todavía demasiado lejos?

El PP ha hecho muchas tonterías en cuanto a la corrupción y creo que eso ayuda a que Ciudadanos haya tenido una subida importante.

¿El bipartidismo ha muerto?

Creo que sí. Como murieron hace muchos años las derechas y las izquierdas. La vida es compleja y creo que es normal, y bueno, que aparezcan partidos que reconozcan esa complejidad.

¿Hay más corrupción en España que en otros países? Si hacemos caso a algunos políticos, parece que España es Somalia.

No sé si hay más o menos, pero la que hay, me sobra. Y hay mucha.

¿Cree usted que el saldo del Estado de las autonomías ha sido positivo para España?

Sí. Porque en 1975 nos ayudó a pasar de una situación a otra.

¿Podría darme el nombre de un político español en el que usted, independientemente de su ideología, confíe? ¿Y podría darme las razones de esa confianza? 

Hay dos ministros actuales, de perfil más técnico que político, en los que confío: Luis de Guindos y Cristóbal Montoro. Me parecen dos personas muy bien preparadas y que han hecho, y hacen, un trabajo muy bueno. Trabajo que, sobre todo en el caso de Montoro, no se gana las simpatías del público, como es natural. Pero su responsabilidad no es ganar amigos en su trabajo. Le pagamos para que intente cuadrar las cuentas, cosa no fácil en el modelo de Estado que tenemos.

¿Tiene España los gobernantes que se merece?

Creo que pocos países los tienen. Me gustaría que la pregunta fuera: “¿Se están preparando, en lo profesional y en lo moral, personas jóvenes a los que se les pueda confiar labores de gobierno en un futuro próximo?”.

Se acusa a las redes sociales de haber rebajado el nivel del discurso público hasta el del betún. ¿Las redes sociales nos hacen idiotas o sólo les dan a los idiotas una relevancia pública que no tenían antes?

Lo último. Las redes sociales pueden servir de altavoz a personas no preparadas.

¿Le preocupa el terrorismo yihadista?

Mucho. Estamos en guerra con unas organizaciones muy desorganizadas a las que les basta, para hacer daño, con un individuo que haga un atentado por su cuenta. Si el individuo grita “¡Alá es grande!” el yihadismo reivindica la autoría. Y la guerra, y nuestra desmoralización, continúa.

¿Qué piensa usted de ese discurso habitual en algunos círculos políticos europeos que considera a los terroristas víctimas de una supuesta violencia original occidental que les habría empujado a la violencia?

No estoy de acuerdo con él.

¿Está usted contento del mundo que le deja a sus nietos?

Lo que me interesa es qué nietos dejo a este mundo. Si son gente de bien, majos, limpios de costumbres, honrados, nobles, que sepan distinguir el bien del mal, que ayuden a los demás, que estén bien preparados profesionalmente… el mundo será maravilloso.

¿Cree que los nietos de sus nietos seguirán viviendo en una España con las mismas fronteras y libertad política que la de hoy?

Mi nieto mayor tiene 27 años. Su primer nieto puede nacer dentro de 25 años, o sea, en 2043. El primer nieto de ese nieto, en 2043 + 25 = 2068. El nieto más pequeño tiene cinco meses. Su primer nieto puede nacer dentro de 50 años, en 2068. El primer nieto de ese nieto, en 2068 + 25 = 2093. Como usted puede suponer, soy incapaz de contestar la pregunta. Mis dotes proféticas no llegan tan lejos. Y, en confianza, no me importa nada. Que no se enteren mis nietos. Podrían molestarse.

No se preocupe, no se enterarán por mí. Mi última pregunta. ¿Se siente usted español? ¿En qué consiste, en su caso, ese sentimiento?

Me siento muy español. Me gusta España, que es una preciosidad. Me emociono con el himno nacional. Me molesta lo de las naciones y nacionalidades. Por supuesto, quiero mucho a esa parte de España que se llama Aragón. Pero no olvido nunca que Aragón es una parte de España.

Fuente: ElEspañol.com
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