Ilustración: ULISES

En TV3 se burlan de ella diciendo: “Qué extraño es que estés trabajando a estas horas siendo andaluza”. Es de Jerez, habla cuatro idiomas sin deje andaluz ni acento catalán. Inés Arrimadas llenó la plaza, el Siglo XXI, donde mandan las Palomas Segrelles.

El club estaba hasta la bandera -191 comensales-, no por el ajo blanco de coco con pomelo y uvas, el pastel de apio o el timbal de patata, sino porque iba a hablar la Deseada, como la llamó Chencho Arias, que dirigió el debate.

Inés es la política más atractiva de este confuso instante, una Rosa Parks posmoderna contra el supremacismo catalán, la que muerde a los caníbales y se enfrenta cada día a ese espantajo que llamó a los españoles bestias carroñeras.

Deslumbró porque es deslumbrante. El doctor Antonio Gómez Moreno, que sólo abandona el estetoscopio de escuchar corazones para ver al Atleti, se presentó en el almuerzo para presenciar en directo el prodigio y al final diagnosticó poca chispa jerezana, porque en realidad es de Salamanca y por la manía de no salirse del guion-argumentario. Comentó que le gusta más con el cuchillo en la boca en el Parlment.

Había expectación porque los independentistas avanzan en la guerra de posiciones y exigen pactar la autodeterminación; piensan que nunca habían llegado tan lejos. Pablo Iglesias, después de ver a Torra, cree que la vía unilateral no sigue en la agenda, pero ellos llevan la batuta de la política nacional. Apenas se terminaba la copa de chocolate con espuma de vainilla, doña Inés confirmó que los nacionalistas van a seguir con el desafío: “Se ha dado un golpe contra el sistema democrático”.

No contestó a la pregunta de si habría que volver al artículo 155, aunque dijo que no hay más solución contra la lacra del separatismo que unas elecciones nuevas para lograr un Gobierno fuerte, limpio, sin mochilas: “Ni hay normalidad ni la va a haber. Se está aplicando una política absurda y ridícula porque tienen que devolver los favores. Van a estar pagando letras cada cuarto de hora”.

Según la ganadora de las elecciones en Cataluña, Albert Rivera ha acertado en sus análisis: “Tiene una bola de cristal”, dijo. Cuando se le preguntó que si va a llevar a la Fiscalía los escritos racistas de Torra, ella reflexionó sobre la noticia sorprendente de que una persona que piense así haya llegado adonde ha llegado este racista infamante.

Le pregunté a Miguel Gutiérrez, diputado por Madrid, si no hay enfrentamiento entre el líder de Ciudadanos y la lideresa; me contestó que no. Al decirle que eso es antinatural, replicó: “En este caso no lo es”.

Publicado originalmente en: ElMundo.es
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