JOSE JORDAN / AFP

La socialdemocracia confía para su permanencia en el Falcon en una técnica que antaño le funcionaba: marcar, como con el hierro candente medieval, a todos los extremistas, históricos o contemporáneos, que han de ser eliminados y que por añadidura pueden provocar un estímulo reactivo en la militancia de izquierdas. Veamos.

La técnica remite a los tiempos de mayor autocomplacencia progresista, antes de que buena parte de la sociedad europea rompiera con sus directores espirituales laicos y se encomendara a personajes más excéntricos. Pero los predicadores de Sánchez se van a encontrar con una contradicción difícil de superar, la que proviene de salir, como los cazafantasmas de Bill Murray, a pasar por la aspiradora los ectoplasmas ultras de la vida española y no poder reparar siquiera en todos aquellos que le sacaron adelante la moción y ante los cuales el Gobierno arruga hasta cuando lanzan bravatas, como la de Torra, colindantes con la declaración de guerra. El comportamiento de Torra y de las patotas indepes, entre las cuales hay que incluir a la policía política enviada a la calle para reprimir disidentes a los que primero se hace pasar por fascistas y enemigos del pueblo -el siglo XX repetido como Torra-, hace difícil creer que los peligros que acechan a esta democracia estén agazapados en la tumba de un dictador que sólo sirve para que los jóvenes revolucionarios jueguen a adentrarse, como paladines artúricos, en la guarida del dragón. Miren a ver los cazafantasmas de Sánchez si no están pasando la aspiradora en el lugar equivocado.

Por otra parte, parece mentira que, a estas alturas, la socialdemocracia aún crea que le basta estigmatizar como ultra a su adversario para que sociedades enteras se le entreguen. Después de lo que le ocurrió a Hillary Clinton con Trump y sus “indeseables”, después de todos los fracasos socialdemócratas ante populismos europeos, hace falta no haberse enterado de nada ni comprendido que las sociedades occidentales dejaron de aceptar sin rechistar las doctrinas del progresismo ortodoxo y de hecho buscaron personajes “disruptivos” con los que liberarse de ellas, sobre todo de la asfixiante opresión de la ingeniería social. Casado lo ha comprendido y por eso, viniendo de un partido clásico, se ha puesto a jugar a ser maquis, resistencia ante una hegemonía contra la cual medio Occidente se ha levantado ya. Fíjense que esta socialdemocracia antaño apabullante ni siquiera ha podido ganar en las urnas el derecho a gobernar.

Publicado originalmente en: ElMundo.es
Comentarios
Cargar Más Artículos Relacionados
Cargar Más En Opinión
Los comentarios están cerrados.

Revise También

El Rugido del León Franco: la única ‘urgencia’ de Sánchez

Finalmente -y tras muchos vaivenes-, la exhumación de los restos de Franco se llevará a ca…